Nadie acabará con los libros

Por: Gabriel Torres Salazar
Nº 394 -
enero - 2025
Sabemos que la era digital ha traído nuevas formas de libros, pero sus contenidos han superado la prueba del tiempo. ¿Qué opinas?

¿Cuántos libros tienes en tu biblioteca?

Es una pregunta un tanto ociosa que suele oírse, cuando alguien quiere hacer alarde de lo suyo o mostrarse como buen lector. Otros van más allá y exhiben su estantería de libros tras de sí, en sus conexiones on line. O, peor aún, muestran la pared a sus espaldas, decorada con papel mural plagada de lomos de libros, simulando su copiosa biblioteca. Son excesos, claro está. Todo, porque el libro es importante y vende.

El título de esta nota lo he tomado de una conocida frase del científico y escritor Umberto Eco. Se refería, en uno de sus libros, de igual nombre, a lo perdurable de esta cajita rectangular, como de regalo, que es el libro físico. Quizá evolucionen sus componentes, quizá sus portadas dejen de ser de papel y sus páginas no estén impregnadas de tinta, pero seguirá siendo lo que es: un libro. Algo así decía.

Quienes somos de la familia financiera, recordamos los libros de contabilidad, sus rayados, diseños, tamaños, la buena letra en sus anotaciones, los claros números de debe, haber y saldos, las explicativas glosas de los asientos contables. Y, digo que recordamos porque su época pasó y se cumplieron sus fines de registros y evidencia de negocios de antaño. Como muchas otras formas escritas de información y comunicación han sido sustituidos por registros, automatizados y electrónicos de este tiempo. Pero, el libro permanece y coexiste el formato tradicional con el ebook.

Sabemos que la era digital ha traído nuevas formas de libros, pero sus contenidos han superado la prueba del tiempo. Allí se anida el pensamiento clásico e ilustrado, la novela histórica y de entretención, textos escolares, científicos, de arte, la memoria universal y un cuanto hay. Y, también los hay de religión, como uno de los más antiguos y leídos —el primero salido de la imprenta de Gutenberg—, la Biblia. Conocido, precisamente, como la Biblia de Gutenberg.

Hace menos de una década la empresa de tecnología y comunicaciones Google, estimaba que, desde la imprenta de Gutenberg a la fecha, se han editado unos 130 millones de libros con títulos diferentes —imaginemos entonces el número de ejemplares en circulación—. ¡Vaya qué cifra, verdad! Y, ojo, esta inmensa cantidad sería hasta el fin de semana pasado, porque la aparición de nuevos títulos la aumenta en centenares cada día. ¿En cuánto iremos, sumando los de estos años y la digitalización, para uso en los chatbot de Inteligencia Artificial Generativa, que estamos empleando?

En torno al libro, se ha desarrollado una muy exitosa industria editorial. Qué duda cabe. Proliferan títulos, autores y temas; librerías y ferias en todo el Orbe. Con impuestos o sin gravámenes, en empastes sofisticados o en rústica, de bolsillo o biblioteca, en formato tradicional y digital. Unos útiles otros inútiles. Acompañados de una danza de ejemplares y millones de dólares.

Personas famosas, como el premio Nobel de Literatura Vargas Llosa, han expresado su amor por el formato tradicional, le cautiva el olor a papel y tinta. Otros, como Umberto Eco, no le temen a la digitalización y sugiere, a los adultos, regalar sus libros y deshacerse de bibliotecas personales que nadie quiere heredar, aunque pueden conservar uno que otro incunable. Mientras tantos, muchos leen su ebook en una table.

 

En un artículo de prensa de WSJ, de hace unas semanas, se leía que la venta de biblias está en auge en Estados Unidos. Es conocido que la venta de un buen libro tiene sus pick o varios en el tiempo. Pasa con un tema de moda, un autor premiado, una buena campaña de marketing, entre otras causas. El boom de la Biblia en EUA se debería a nuevos compradores o compradores primerizos. Las preocupaciones de la población joven por problemas no resueltos en la economía, los conflictos en el extranjero y la incertidumbre relacionadas con elecciones política, habrían llevado a los lectores primerizos en masa a esta publicación. Mientras las ventas de libros, en general, registraban un alza de uno por ciento, las de la Biblia subían 22 %. ¡Todo un éxito editorial!

Como se ve, el libro permanece y seguirá. Es como la rueda y la cuchara, una vez inventados ya no hay nada mejor. El libro, alberga ordenadamente en poco espacio cientos de páginas, miles de frases, millones de palabras y billones de letras; y, lo que es mejor, lleno de ideas, información y conocimiento. Amplió la memoria del hombre. Allí está el saber de hoy y de ayer con gran parte de la memoria histórica de la humanidad.

Por mi parte, en conversaciones de libros, cuando la cosa se pone de subida y el tono algo grave de algún participante, suelo decir que ya no tengo biblioteca. Lo que compro, lo leo y regalo. Que solo conservo dos incunables: el primer tratado de contabilidad por partida doble de Luca Pacioli y la Biblia. Luego de un silencio…, me corrijo y preciso: dos reediciones de incunables.

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